jueves, 16 de mayo de 2013

LA MUERTE DESNUDA

Asistir a la lenta agonía de una persona amiga nos somete a una profundísima reflexión. En mi caso, una vez más, reafirma mi creencia en que no existen dioses.
Nada tiene sentido: vivir para saber que moriremos, en el mejor de los casos de manera rápida e indolora, pero con una alta probabilidad de que sea a causa de una enfermedad lenta, dolorosa y cruel, tanto para nosotros como para los seres queridos que nos rodean.
Dolor, aflicción, pérdida...¿tiene esto sentido? A mí me parece que no.
He leído hace poco que la tierna solicitud de los padres hacia los hijos en los primeros años de la vida de éstos no es más que una manera de intentar diluir la culpabilidad que sienten por haberlos traído a este mundo cruel.
Creo que no he leído una reflexión más acertada últimamente.

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