domingo, 10 de marzo de 2013

SER PERFECTO

Es inútil, las personas siguen queriendo aferrarse a algo. Ese algo, supuesta trascendencia, es, al parecer, innegociable...
Esta necesidad de adhesión a algo es prescindible. Lo que se necesita para empezar es aceptar que no somos infalibles. La infalibilidad, el rechazo a equivocarse, es uno de los lastres de la humanidad. No es, de todas maneras, inexplicable: en épocas pretéritas, en donde la propia supervivencia dependía de no errar, es en donde nace este deseo de la perfección. Lo que ha pasado es que, en un mundo occidental plagado de seguridades sociales, este sentimiento ha sido hábilmente desplazado desde la supervivencia a la efectividad frente a las exigencias impuestas por la propia sociedad patriarcal. Se encauza al individuo a ser perfecto, infalible, a nivel laboral principalmente, pero también a nivel de aceptación de convencionalismos sociales, de moldes impuestos-sobre la composición familiar, los roles macho-hembra, los legalismos que regulan las relaciones personales...
Hay que ser perfectos. A toda costa. Sino...a galeras a remar...

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