lunes, 4 de marzo de 2013

ESPECTADOR

La actitud ante la vida que más me ha gustado siempre, desde mis inicios como ser viviente consciente, es la del espectador.
Desde siempre he apreciado que hay otra manera de ser, otra manera de vivir. Pero el común de los mortales se empeña en hacer de este mundo un sitio agreste, hiriente. Y sin embargo, sería tan sencilla una convivencia sana y gratificante...
Sin duda entre los diferentes individuos de la especie Homo hay claras diferencias a nivel de base que incapacitan a muchos para observar las ventajas de una cooperación amistosa antes que un enfrentamiento salvaje y sin sentido. Parece que les gana el viejo sentimiento de la agresión...tampoco hay que culparles. Es lo que la evolución de la especie ha primado, sin duda alguna: somos hijos de los vencedores, no de los vencidos.
Así que sigo observando. Apoyada en un árbol, de lejos, observo los avatares de la especie. De los individuos. Sonrío, la mayoría de las veces, ante lo absurdo de...de todo. En otras ocasiones muestro mi desencanto, o mi abierta rebelión, en discursos enfáticos.
Todo acaba, como siempre, en esa sonrisa...autosuficiente. De todas maneras, cuando yo muera, morirá todo conmigo...ya no existirá el ente "yo" captador de sentidos que hacía que este mundo existiera. Así que la actitud del observador neutral me encanta, ciertamente es la mía: después de todo...ahí os quedáis...digamos que sería mi divisa heráldica.

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