viernes, 8 de febrero de 2013

EL MEDIO Y TU

Hay una experiencia que, por lo significativa, debería probar cada individuo, al menos una vez en su vida.
En un lugar no habitado. Una cueva, un abrigo rocoso. Si es verano, sin ropas. Si es invierno, se puede llevar una manta para envolverse. Sin comida. Sin nada más que la referencia de un punto de agua para beber.
No más de tres días: alargarlo es peligroso.
Hacerlo solo es un reto tal vez demasiado arriesgado. En grupo es mejor.
Ningún medio de comunicación, salvo un móvil en caso de emergencia extrema.
Sólo sabemos que al tercer día nos vendrán a buscar.

Supervivencia. Yo y el entorno. El ser humano solo, frente al medio. ¿Qué se siente? ¿Qué se necesita? ¿Qué sensaciones tendrá un hombre así enfrentado con sólo su ser al ambiente?
La experiencia es, por lo particular, inefable. Nos da una idea de lo que realmente somos, de lo que valemos, de nuestra relatividad. Nos centra, nos hace asumirnos. Pone de relieve la necesidad de convivir, el valor del grupo, exacerba los sentimientos, hace que seamos conscientes del valor de los demás, de lo que cada ser es capaz de aportar en tanto individuo, en tanto una manera diferente, propia, de ver, de sentir; hace que valoremos lo que cada uno ES.

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