domingo, 24 de febrero de 2013

COOPERACION FRENTE A PODER

Una vez que un miembro de la tribu asume alguna función en representación del resto, se inicia una peligrosa vía que puede desembocar en un bien común o en el fin de las libertades individuales. Si la persona que acoge en sí este poder delegado acaba por imponer su criterio, entonces este poder pasa a ser detentado. Y los individuos pierden el control sobre su propia conciencia. Este punto depende del valor ético de la persona que toma la representatividad de este factor inicialmente individual para convertirlo en un criterio colectivo, supuestamente pensando en el bien común.
El factor de dilución de la personalidad en aras de una conciencia grupal es un paso delicadísimo. Es, a mi juicio, uno de los puntos de diferenciación de unas sociedades y otras. En algunas, ha acabado con el anorreamiento de la personalidad y la aparición de totalitarismos. En otros casos, se ha desarrollado un interesante entramado social en virtud de una felicidad conjunta. Algunas sociedades asiáticas han conseguido este nivel de evolución, envidiado por las materialistas estructuras opresivas occidentales, que han delegado totalmente cualquier función individual en los Estados y sus anquilosados e inamovibles esquemas.

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