martes, 15 de enero de 2013

SIN ABSOLUTOS

Naturalmente, no hay absolutos. Ni categorías. Es todo una clasificación lingüística.
Ni Bien ni Mal, ni Belleza ni Fealdad, ni blancos ni negros en este baile perpetuo de materia y energía.
Los contrarios son imprescindibles en un lenguaje silogístico. Pero la lógica no es necesariamente lo que mueve el mundo. Evidentemente, ni tan sólo lo explica, ni le da ninguna coartada.
Pero el lenguaje moldea la estructura cerebral. De manera que el habla modifica el pensamiento. La manera de conceptualizar el entorno crea matrices, delimita, estructura.
¿Qué pasaría si usáramos un lenguaje fluido, contínuo, que no marcara límites, una especie de matriz de conceptos? Sin discontinuidades, sin definiciones.

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