martes, 22 de enero de 2013

FUERZAS TELURICAS

La tierra está recorrida por una serie de canalillos por donde circula energía. Esto es fácilmente comprobable: basta con hacerse con unas varillas de alambre en ángulo recto y caminar con ellas cogidas en las manos. Es muy sencillo ir señalando los puntos en los cuales las varillas se mueven para cruzarse. La experiencia vale la pena por lo sencilla: satisfactoria como es, nos sacará de dudas sobre el posible truco o pretendido engaño de quienes la practican.
Estas redes energéticas, de todas maneras, son sobrevaloradas. Su intensidad es muy baja para llegar a producir efectos palpables. Otra cosa sería que fueran capaces de provocar alteraciones magnéticas o eléctricas en aparatos de uso cotidiano: pero no es así. Incluso en las proximidades de líneas de alta tensión, no se detecta ninguna alteración de este tipo.
Lo que nos indica este entramado es que, efectivamente, la tierra está viva, en el sentido de que es recorrida por recónditos caminos, vías subterráneas, de sutiles energías que nos muestran una actividad a considerar.
Algunas personas se encuentran mejor en unos lugares que en otros. Con esto, de todas maneras, hay que ser precavidos: muchas personas responden a miedos internos, desequilibrios y otras apreciaciones personales y subjetivas que les llevan a percibir extrañas sensaciones, no captables por quienes les acompañan. Aquí, una vez más, la objetividad científica debe primar.
Seguramente, más que una sensación especial de rechazo o atracción por un lugar, las personas tenemos una memoria de cuáles son los lugares que más agradables nos resultan, y al estar en un sitio con unas determinadas características, por comparación establecemos un análisis inmediato que nos lleva a pensar que esa geografía nos es más o menos apetecible.

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