miércoles, 16 de enero de 2013

EL CAMBIO FLUIDO

Marcinkus: -¿No es ya demasiado tarde para olvidar?
Robin: -No, no lo es. Siempre se puede olvidar. Siempre. Ya sé, ya sé que vende mucho lo del almita dolorida por viejos avatares...pero sólo puede ser herido por otro el que realmente no sabe cuáles son sus valías. El mayor daño que nos pueden hacer es el menosprecio; ¿y qué más nos da que otros que antes nos llenaban de halagos ahora nos menosprecien? ¿Importa su opinión? En absoluto. Siempre y cuando, naturalmente, tus intenciones hacia ellos nunca hayan sido aviesas. Si ha sido así y tú siempre has pensado en su bien...eres inocente de todo de lo que te acusen. Es así de sencillo. No es tu problema, es SU problema.
Marcinkus:- ¿Lo basas todo en la intención?
Robin: -Sí, es lo único que tenemos. Nuestra intención, nuestro pensar, que deriva en actos. La intención debe ser siempre provechosa, empática. Aunque hay personas que se basan en la no-empatía. No debemos juzgarlas: es una manera tan válida como la mía de entender el mundo. Como bien sabes, de la idea-práctica del viejo concepto del bien no se suele derivar siempre el acto-efecto del bien...
Marcinkus: -No hay seguridad entonces...
Robin: -No, hasta lo que yo sé. De ahí que me haya transformado en una eremita ilustrada. Es la manera de interaccionar menos. Da la capacidad de seleccionar. Es muy interesante. Y si deseas aislarte por completo, no hay problema. De hecho, yo, cuando vine aquí, estuve un año sin bajar al pueblo. El único contacto con un humano que tuve era con mi marido. Fue una agradable época de introspección, de recuperación de mí misma después de un largo período de desconcierto. Fue magnífico ese año.
Pero el mundo me reclamaba: y volví a él. Con cuidado, pasito a paso. Magnífico también.
Marcinkus:- ¿En qué cambiaste durante ese año?
Robin: -..........es para otra conversación....

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